El fruto de la muerte
por Edith Pons
Óleo sobre lienzo
100 × 80 cm
2026
Pieza única
Lugar de creación: Ciudad de México
En El fruto de la muerte, Edith Pons retoma la escena primordial de Adán y Eva como el momento en que la libertad humana se separa por primera vez del Bien. Más que representar un episodio narrativo, la pintura se centra en el drama silencioso de una decisión.
Realizada casi por completo en tonos sepia, la composición evoca origen, memoria y unidad — un mundo todavía sostenido en armonía. Dentro de esta atmósfera contenida, el fruto rojo aparece como la única irrupción de color. Se convierte en el centro visual de la obra, concentrando la tensión entre deseo, autonomía y consecuencia.
El fruto simboliza el impulso humano de definir el bien y el mal al margen de Dios — la ilusión de autosuficiencia. Con este acto, según la tradición cristiana, la muerte entra en la historia: biológicamente como fin de la vida, y espiritualmente como ruptura de la comunión.
Más que ilustrar un mito lejano, la pintura refleja una verdad antropológica. La escena habla de la estructura misma de la libertad humana — la tensión permanente entre confianza y autonomía, comunión y separación.
De este modo, la obra entiende la pintura como revelación: un encuentro con la realidad en su profundidad, donde la forma visible sugiere aquello que permanece invisible.
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